Es la ropa que se encoge!

Cara de hueso, patas de hilo, calaca chupada…. Así me llamaban en mi época de primaria. Si, de las flacas también se burlan.

En realidad siempre he sido una mujer que deja de lado las apariencias, me corto el cabello cuando se me antoja, tamaño niño sin temor. Odio seguir modas o cumplir con requisitos de estilo al vestir. Camino descalza por la calle o por el súper, sobre todo cuando llueve. Disfruto de lo que soy sin temor al que dirán.

Ahora soy gorda, llenita, regordeta o cachetona. La gente suele decirlo de diferentes formas. Yo me veo al espejo y la única diferencia que encuentro entre la mujer de 40 kilos que era hace unos años y la mujer de 65 kilos que soy ahora, es la madurez. Las ojeras de combinar escuela-hogar-trabajo. La alegría de mis años acumulados en millones de sonrisas que se reflejan en mi rostro como “patas de gallo”. No, no me veo gorda.

Así que cuando la gente me dice “¡hey, engordaste!”, tan solo les contesto:

— ¡Oh, no! Mi ropa encogió. 🤣

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