Ahí…

En ese pequeño espacio donde las hadas danzaban y los duendes preparaban el desayuno, quedaron sepultados los tesoros del amor.

Bajo el árbol de hojas blancas te sentabas a cantar, con notas bajas a ritmo pegajoso, con tus botas y tu caña de pescar.

Así es como lo recuerdo. Quizá los días y las horas se mezclaron en mi mente y cambiaron de color los sueños o la tela de tu viejo pantalón. Pero ¿sabes una cosa? El aroma de los troncos en la chimenea se quedó ahí. Ardiendo lentamente entre las luces de tus ojos y llenando de calor la habitación.

Anuncios